lunes, 14 de mayo de 2012

Banco Central Europeo: un pirómano al servicio de la banca privada

Cuando la historia juzgue dentro de unos años lo que ahora está pasando en Europa, encontrará en el comportamiento del BCE una causa principal de los males que sufrimos, porque fue diseñado para ayudar a la banca privada y no para defender la estabilidad macroeconómica y social.
 
No se le concedió capacidad de supervisión para que las entidades financieras utilizaran con ventaja los 27 regímenes nacionales diferentes y se le impidió financiar a gobiernos. Europa se dotó de un banco central que no lo era, lo que permitió que los bancos privados dispusieran para sí, y con toda libertad, del negocio de financiar a los gobiernos.

Cuando las cosas iban bien, y el paso de los intereses se llevaba con comodidad, esto permitía que los bancos encontrasen en la suscripción de la deuda soberana una abundante y tranquila fuente de beneficios que no generaba demasiados problemas, pero cuando la crisis arreció y aumentó la necesidad de financiación (en gran parte para ayudar a los propios bancos) se generaron algunos muy graves que pueden provocar que Europa salte por los aires. En primer lugar, se obligó a que los gobiernos tuvieran que pagar muchísimo más por financiar su deuda. Y como ésta comenzó a multiplicarse en gran parte por la aplicación de los tipos de interés de mercado, se llegó a cifras insoportables. En segundo lugar, y como ocurre siempre, los mercados no se limitaban a financiar sino que financiaban en función de la lógica especulativa dominante, es decir, vinculando la deuda a productos financieros más complejos, cuya rentabilidad aumentaba cuanto más difícil se hiciera su pago, de modo que se incentivó la desestabilización de las economías.

Cuando la situación apenas tenía arreglo, el BCE fue obligado a intervenir, aunque por la puerta de atrás del mercado secundario y sin dejar de alimentar la codicia de la banca privada. Trató de aliviar la situación pero lo que consiguió no fue sino mostrar a los inversores y a los bancos que podían jugar incluso más fuerte a especular, pues al final dispondrían de la cobertura que daba el BCE.

Sabemos que los bancos privados han utilizado esta posición privilegiada como financiadores para extorsionar a los gobiernos e imponerles recortes de derechos sociales (con la excusa de que eran necesarios para salir de la crisis). Ahora nos enteramos de que el propio BCE ha utilizado sus intervenciones para influir. Se ha comportado como un auténtico pirómano y debería abrirse cuanto antes una comisión independiente de investigación que depure las responsabilidades de todos ellos, así como crear ya los tipos penales que contemplen el daño económico que provocan este tipo de actuaciones.

Juan Torres López
maspublico.org

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